“Te cuelgas la cámara en el cuello así como te calzas los zapatos y ahí está, un accesorio del cuerpo que comparte la vida contigo. La cámara es un instrumento que enseña a la gente cómo ver sin la cámara.”

Así es como expresa Dorothea Lange, con enorme sencillez, su visión del trabajo fotográfico y su visión de lo que es la cámara como instrumento de trabajo, de expresión, de comunicación con el mundo y al mundo.

Dorothea Lange (25 de mayo de 1895, Hoboken, USA- 11 de octubre de 1965, San Francisco, USA) es una de las fotógrafas más importantes del siglo XX. A ella le gustaba presentarse como la fotógrafa del pueblo, pues lo mejor de su producción fotográfica se centró en captar el rostro de los desheredados de la tierra, de las personas que, azotadas por la crisis del 29 hubieron de abandonar su hogar y lanzarse a los caminos en busca de una nueva oportunidad para rehacer sus vidas, alimentar a sus familias y no perder la dignidad.

Dorothea Lange, su nombre era más largo pero decidió acortárselo y quedarse con el apellido de soltera de su madre, Lange, empezó en la fotografía según los cánones de la época, siendo muy pictoralista. Ya sabemos que los avances van más rápidos de lo que la mente humana es capaz de asimilar. La fotografía, con todas las posibilidades que abría, costó de ser asimilada y en un principio los fotógrafos se esforzaban por hacer una recreación pictórica. Curiosamente, fue la pintura la que sufrió una revolución a raíz de la irrupción de la fotografía, y fue la que experimentó una eclosión de creatividad en forma de impresionismo, cubismo, expresionismo y un largo etcétera, dando una nueva visión a la hora de recrear un objeto. Dorothea Lange, como todos los fotógrafos de su época no fue ajena a esta corriente pictoralista, y como todos los fotógrafos de su época empezó en un estudio.

La crisis del 29, junto a sus inquietudes y la relación con otros artistas y teóricos, hizo que tomase su cámara y saliese a la calle, a documentar con su cámara lo que estaba sucediendo y a poner rostro a la crisis. El rostro de las personas que la sufrieron y que se hundían en la desesperación, que eran golpeados pero que seguían luchando por mantenerse a flote.

Una de las influencias que sufrió, no solo Lange, bastantes fotógrafos de su tiempo, fue la del grupo de artistas de la fotografía f/64, denominado así porque era la apertura de lente con la que trabajaban para conseguir profundidad de campo. Una de las bases de su manifiesto era hacer una fotografía de la realidad, sin manipulación posterior en revelado, tal y como se planificaba y realizaba con la cámara. El fotógrafo debía de tener la fotografía visualizada en su cabeza. Si observamos las fotografías más importantes de Dorothea Lange son eso. Poner la cámara y elegir un punto de vista, un encuadre, una posición de cámara y componer con lo que se tiene, con lo que ofrece el paisaje, los elementos, la luz… y en blanco y negro. Según unas declaraciones de Lange, ella seguía este principio. Componer la imagen sin manipulado posterior, captar la verdad del momento. En 1934 realiza una exposición con las fotografías realizadas según este principio y del año 35 al 40 trabajó para la administración de Franklin Delano Roosevelt, concretamente para la Farm Security Administration (FSA, Administración para la Seguridad Agraria) También en el año 35, se divorcia de su primer marido y se casa con el economista Paul Schuster Taylor, con el que hará un trabajo de documentación sobre las condiciones agrarias, la pobreza, y la explotación de los inmigrantes en el medio rural. El profesor Taylor realizaba las entrevistas y tomaba los datos y la fotógrafa Lange tomaba las imágenes. El primer informe hizo realidad una partida presupuestaria para construir campamentos de inmigrantes, en donde estos gozaban de condiciones dignas y humanas.

Una de las fotografías más famosas de la época y de la artista, fue la de Madre Migrante, todo un icono. Cuando veo esta fotografía me da por preguntarme si el gran escritor John Steinbeck se inspiró en ella para narrar uno de los fragmentos más hermosos, sobrecogedores y simbólico de su gran obra literaria: Las uvas de la ira, la gran obra sobre la Gran Depresión, una novela épica sobre los agricultores que se ven forzados, por la maquinaria inhumana de la banca a abandonar sus tierras y emigrar a California. Reflexiones a parte, dejo las palabras de Dorohtea Lange, para explicar su propia obra:

La vi y me acerqué a la famélica y desesperada madre como atraída por un imán. No recuerdo cómo la expliqué mi presencia o mi cámara pero recuerdo que, ella, no me hizo preguntas. No le pregunté ni su nombre ni su historia. Ella me dijo su edad, 32 años. Me dijo que habían vivido de vegetales de los alrededores y de pájaros que los niños mataban. Acababa de vender los neumáticos de su coche para comprar alimentos. Ahí estaba sentada, reposando en la tienda con sus niños abrazados a ella, y parecía saber que mi fotografía podría ayudarla y entonces me ayudó. Había una cierta equidad en esto.

Justo es poner una declaración de Florence Owens, la protagonista de la fotografía:

Ojalá nunca hubiera posado. No obtuve ni un centavo de ello. Ni siquiera me preguntó cómo me llamaba. Me dijo que no vendería las fotos y que me enviaría una copia. Nunca lo hizo.

Drothea Lange hizo seis fotografías de esta madre y su familia. Esta fue la elegida para su difusión y como imagen icónica de la gran depresión. Justo es decir, que Dorothea retocó la imagen, pues en la estaca que aparece en primer plano desenfocada, aparecía, en la fotografía original un pulgar, que la propia Dorothea Lange retocó del negativo.

La influencia del estilo fotográfico de Dorothea Lange llegó al cine, a la gran pantalla, pues sus fotografías, y la de otros artistas, inspiraron en buena parte, o sería mejor decir que forman parte de la inspiración del trabajo visual de Las uvas de la ira, de John Ford, una de las mejores películas de la historia y que pone de manifiesto una de las grandes mentiras de algunas corrientes críticas, que de tanto en tanto sueltan una de esas perlas infumables: “De una gran novela no puede surgir una buena película”. Dudo del bagaje cultural de todos los críticos que se sumaron a esta corriente. Las uvas de la ira, de John Steinbeck es una de las grandes novelas del siglo XX, y su versión fílmica de 1940, rodada por Ford, con una sensibilidad exquisita, una de las mejores películas de todos los tiempos. Greg Toland, el director de fotografía realizó una gran labor, inspirada en buena parte, según yo creo, en el estilo de Lange.

Otro de los grandes trabajos fotográficos de Lange consistió en documentar el confinamiento de los estadounidenses de origen japonés en los campos de concentración durante la segunda guerra mundial. El resultado fue tan bueno como perturbador, por lo que el ejército procedió a embargar las fotografías sobre la reubicación y confinamiento de los ciudadanos estadounidenses de origen japonés.

Posteriormente fundó una revista de fotografía Aperture, donde publicó varios trabajos.

Aquí os dejo algunos enlaces con estudios a la fotografía

http://www.fotomaf.com/blog/03/04/2007/la-madre-migrante-migrant-mother-dorothea-lange-1936/

http://www.analisisfotografia.uji.es/root2/pdf/Dorothea%20Lange%20(1936).pdf

 

Josep García. Fotógrafo.

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *