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La guerra de secesión de los Estados Unidos de América (1861-1865) fue un conflicto que enfrentó dos maneras de entender la economía y la política ligada a esta economía. Se enfrentaron los estados del Norte, de carácter industrial, cosmopolita, con gran necesidad de mano de obra para alimentar su industria, y necesidad de mercados para el consumo de sus productos fabricados en serie, en modernas cadenas de producción que no quiere decir buenas condiciones laborales. Tradicionalmente eran estados no esclavistas, en donde la esclavitud había sido abolida o no se permitía; por otra parte, y esto es muy simplista, se encontraban los estados del Sur, de economía agraria, latifundista y esclavista, anclados en una fuerte tradición muy clasista y con una estratificación social heredada del feudalismo. Ya digo que todo es muy simplista, pues no todos los habitantes de los estados del Sur poseían grandes plantaciones, poseían esclavos o eran esclavistas. Algunas de las personas que lucharon en la guerra solo se diferenciaban de los esclavos por su condición de libres, pero su nivel de pobreza y analfabetismo era muy similar al de los esclavos más desfavorecidos, pues entre los esclavos también había grandes diferencias, según para la labor para la que se empleasen o según su sexo. Y viceversa, como hemos apuntado un poco más arriba, el hecho de que los estados del norte no fuesen esclavistas, no quiere decir que las condiciones laborales, salariales y sociales fuesen buenas, más bien todo ello era muy precario y las manifestaciones en que los trabajadores pedían mejores condiciones eran reprimidas con gran dureza, de una manera violenta y con muertes. De hecho una de las grandes contradicciones de una sociedad que desconfiaba del poder excesivo del ejército profesional y que prefería mantener un sistema de milicias, en principio más “democrático” y menos peligroso para imponer estructuras autoritarias, ha sido el uso de este, el ejército, en varios conflictos laborales.

Pero aquí, lo que nos ocupa es la fotografía y los fotógrafos, que de una manera u otra, han contribuido a la difusión y progreso de la fotografía con su labor. Un punto que nos interesa tocar sobre aquella época es el de los derechos de autor. Los principales fotógrafos, o aquellos que poseían el capital o negocio, no tenían ningún remilgo en adjudicarse la obra de sus trabajadores, colaboradores o de fotógrafos anónimos. Para estudiar esta época nos encontramos con diversas dificultades y la principal de ellas es el desconocimiento, por ausencia de documentos e información, de los auténticos autores de la fotografía. Esto se debe a dos razones, una, el que los “jefes” se apropiaban de la autoría de las fotografías obtenidas por su equipo y otra porque en previsión de obtener beneficios futuros con las imágenes, compraban negativos de fotografías a particulares u otros fotógrafos, y naturalmente no se mencionaba el nombre del autor de la toma. Solo habría una forma de saberlo, y no sería tampoco exacta, que es mediante los recibos de compra, en el caso de que se hubiesen extendido y conservado.

En alguna ocasión hemos apuntado que la manipulación de la fotografía no es cosa de hace cuatro días. Desde los inicios ya se empezó a manipular la fotografía, ya sea componiendo o utilizando el primitivo photoshop, esto es, aplicando lápices y pinceles sobre el propio negativo. Los resultados de ello dependían, como hoy en día, de la habilidad de los artistas que se aplicaban a ello. También se manipulaba componiendo diversas imágenes, para obtener una sola imagen, nada nuevo con respecto a lo que hacemos hoy en día con los diferentes editores de imágenes o lo que hacían en el pasado con otros medios, como la pintura o la escultura, en que se aprovechaban obras ya realizadas y se substituían partes de esta, ya sea por motivos políticos, religiosos o propagandísticos. La manipulación de realizaciones humanas para tergiversar la historia o contar aquello que se impone contar, no es cosa de la fotografía o del cine, como se puede estar tentado de creer.

Vamos a hablar del caso de Alexander Gardner, fotógrafo nacido en Escocia. Se interesó por la fotografía al conocer la obra del estadounidense Mathew Brady, en la Gran Exposición de Hyde Park. Se trasladó a Estados Unidos y se instaló en Nueva York, donde conoció a Brady, para el que empezó a trabajar. Tras la elección de Abraham Lincoln como presidente de los Estados Unidos, y el comienzo de las hostilidades con la secesión de los estados del Sur, Mathew Brady vio una gran oportunidad en realizar una crónica fotográfica de la guerra. Para ello, Brady, montó un cuerpo de fotógrafos que captasen todo lo que pudiesen con sus cámaras. Gardner, que tenía cierta relación con Pinkerton (el director de la afamada agencia de detectives Pinkerton), fue recomendado por este para el puesto de fotógrafo jefe; Gardner se unió como fotógrafo al Ejército del Potomac, bajo las órdenes del General McClellan, puesto que desarrolló hasta la destitución del general.

Alexander Gardner se desvinculó de Mathew Brady y formó su propio cuerpo de fotógrafos. Al terminar la guerra, Gardner publicó parte de su obra fotográfica, siguiendo la praxis de Mathew Brady y adjudicándose los trabajos de sus empleados.

Una de las fotografías más famosas de Gardner, tomada en Getysburg, es “Confederate Dead at Devil’s Den Gettysburg”, sobre estas líneas, tiene todas las trazas de haber sido manipulada para conseguir mayor dramatismo y conseguir contar o mostrar lo que él quería. Para empezar, el cuerpo fue fotografiado en una localización anterior. Luego, viendo la trinchera natural, mandó trasladar el cadáver en una sabana, volteó la cabeza hacia la cámara y puso el fusil apoyado contra la pared rocosa. Utilizó el mismo cadáver en dos fotografías diferentes, en dos localizaciones diferentes, manipulando su posición y la de los objetos, el fusil, y contando la historia de que pertenecían a dos bandos diferentes, para resaltar el dramatismo de la guerra, la escena y la batalla. Es evidente que si se detectó que lo había hecho en ese caso, la sospecha recae sobre otros momentos.

En otras guerras, los artistas que habían sufrido su horror y lo habían querido reflejar, lejos del romanticismo de algunas composiciones, habían pintado los cuerpos de una manera muy similar a como aparecen en las fotos de estos pioneros en la fotografía de guerra. Otro día hablaremos de otros fotógrafos, otras manipulaciones y otras composiciones.

 

Josep García. Fotógrafo de Bodas.

 

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