Ya expliqué en una entrada anterior cómo llegué a ser fotógrafo de bodas, o si se quiere, fotógrafo en general y fotógrafo de bodas en particular. Aquí he de aclarar que cuando digo fotógrafo, me refiero a fotógrafo profesional, como persona que vive de la fotografía, pues fotógrafo ya lo era, desde el momento en que cogí una cámara con plena conciencia de querer realizar fotografías que me resultasen interesantes y me sirviesen para aprender los mecanismos técnicos y estéticos.

¿Por qué sigo siendo fotógrafo de bodas? ¿Por qué, después de tantos años, sigo realizando mi labor fotográfica en este campo, y realizo cada boda como si fuese la primera? Bueno, como si fuese la primera, no; algo he aprendido en todo este tiempo y he evolucionado, y de mis conversaciones con otros fotógrafos aplico nuevos métodos y técnicas; cuando digo que realizo cada nueva boda que me llega como si fuese la primera, me refiero al entusiasmo con que emprendo cada nuevo reportaje.

Lo primero que debo decir es que una boda es un evento de primer orden. Es un evento social clave en nuestra cultura, no solo por razones románticas, que también, por motivos económicos, sociales, culturales. Cuando dos personas deciden contraer matrimonio ponen en marcha una maquinaria que necesita de la inversión de mucha energía y esfuerzo, no solo de los novios, también de los familiares y amigos. Hay numerosos estudios sociológicos, en ocasiones avalados por fórmulas matemáticas incomprensibles (para mí), en que se intenta cuantificar la energía invertida en una boda y se intenta explicar desde todas las áreas posibles del conocimiento las razones por las que los grupos humanos necesitan invertir tanta energía en este evento social.

Yo no pretendo competir con sesudos estudios sociales y económicos, tan solo quiero hacer ver lo que he dicho anteriormente, una boda es un evento social de primer orden. En este evento no sólo se unen dos personas para, “legalmente”, formar un núcleo familiar, entran en juego lazos familiares y culturales que van a influir en la construcción de nuestra sociedad, pues sobre estas bases culturales va a girar la economía, la legislación, el mercado, los movimientos migratorios, el consumo y un largo etcétera en un futuro muy cercano. Pero como ya he apuntado al principio del parágrafo, no pretendo competir con estudiosos del tema, yo solo soy un simple fotógrafo que intenta captar con su cámara lo que sucede durante el evento, la boda.

Es por esto que nos vamos a centrar en el evento en sí, la boda. Cada boda es diferente y cada evento nos informa de cómo son las personas. Una boda nos explica cómo son los novios, cómo son las familias, cómo son las personas. A qué le dan importancia los novios, las familias, las personas. Qué mensaje quieren dar al mundo, a su entorno, los novios, las familias, las personas. Hay bodas que son imágenes de la más estricta estratificación social y bodas que son imagen de un pensamiento igualitario. Hay bodas en que se da una importancia fundamental a la comida, bodas en que lo fundamental son los vestidos, bodas en que lo fundamental son los coches, bodas en que lo fundamental es que los invitados sean agasajados, bodas en que lo fundamental es que los novios sean obsequiados, bodas en que lo fundamental son los padrinos… y así podría continuar.

Así mismo, Una boda nos da mucha información de cómo es una sociedad en un momento temporal dado. Podemos observar la evolución de una sociedad, de una familia, de un país, a través de las imágenes que los fotógrafos hemos captado durante los eventos a lo largo de los años. Y no hablo de un arco temporal largo. Un marco temporal de cinco años es más que suficiente para que podamos empezar a ver diferencias y cambios, no solo en las modas, también en los comportamientos y usos. Os diré un secreto: no es necesario ser un fotógrafo excepcional para captar todo esa información, solo es necesario estar ahí. Ser un fotógrafo excepcional ayuda a poner el centro de interés en lo que quieres mostrar y captar. Ser un fotógrafo excepcional ayuda a que a través de tu cámara interpretes el mundo que estás viendo. Ser un fotógrafo excepcional es tomarte en serio tu trabajo, respetar a tu cliente y creer en tus posibilidades. Ser un fotógrafo excepcional empieza por ser un buen fotógrafo.

Una buena parte de la boda es un reportaje social. Un reportaje sobre ritos y usos religiosos. Un reportaje sobre comportamientos y aptitudes. Un reportaje sobre formas y costumbres. Un reportaje sobre lo adecuado o inadecuado. Un reportaje sobre la exteriorización de sentimientos. Un reportaje sobre la fiesta. Un reportaje sobre la moda, y no me refiero solo a la de los vestidos; me refiero a las influencias generadas por la publicidad, los medios de comunicación y el cine, así como a la influencia que sobre el fotógrafo ejerce un determinado tipo de encuadre, efecto o enfoque. Sí, los fotógrafos también estamos influenciados por las modas del momento en lo que se refiere a la fotografía de bodas, aunque un buen fotógrafo las reinterpreta y las lleva a su mundo personal.

Solo por el hecho de poder formar parte de este grupo de hombres y mujeres anónimos, buenos profesionales, que con su cámara fotográfica captan instantes, no solo para el placer y goce de sus clientes, también para dar fe y testimonio de un momento histórico único e irrepetible, aportando información de la sociedad en la que vivo, para que futuras generaciones sepan a través de nuestras imágenes cómo celebraban sus mayores, los hábitos que tenían y todas las curiosidades que se les ocurran merece la pena ser fotógrafo de bodas y dar testimonio con mi cámara de este evento social tan importante.

Sí, sueño como todo fotógrafo con que un día, una de mis imágenes ilustre un sesudo estudio histórico, social, económico sobre los usos y costumbres que tienen los hombres y mujeres de nuestro presente, presente que empieza a ser pasado.

Josep García, Fotógrafo.