Como esto es un blog de fotografía y el cine es un arte visual, cuyo principal soporte es la fotografía, he decidió crear una nueva sección para hablar de la fotografía de aquellas películas que me gustan o cuya labor fotográfica considero destacable por diversos motivos.

Flavio Martínez Labiano es el encargado de fotografiar este film, y hace, a mi modo de ver, un excelente trabajo fotográfico, captando la atmósfera del bosque, del pueblo en donde discurre la historia, de los interiores de los edificios, dando a cada espacio su tono fotográfico y situándonos en cada escenario según los cánones del género de cine negro con ribetes de fantástico. El director de fotografía solo se permite dos cambios de tono dentro del film. Uno es en los flash-back, en los que se recogen algunos recuerdos del personaje principal, encarnado por Marta Etura, y en los que se desgrana su motivación y comportamiento, y el otro momento es en la recreación de Nueva Orleans, en las que se fotografía a una especie de mentor-gurú, de la protagonista principal, un inspector del FBI, en el que Amaia Salazar, protagonizada por Marta Etura, encuentra consejo y perspectiva para acometer el caso que le ha asignado su superior de la policía foral de Navarra.

Si la fotografía de este film no luce mejor es debido a causas externas al buen trabajo de Flavio Martínez. Un guión muy flojo que, a mi modo de ver, no sabe captar la esencia de la novela y que navega entre la precipitación de algunas situaciones y la mala gestión del material literario, y una mala planificación del material que se tiene entre manos, que no permite entrar en la historia que se narra y que desluce en algún momento el trabajo actoral. Pero no es mi pretensión valorar los diversos aspectos del film. Me quiero centrar en la estupenda fotografía de Flavio Martínez Labiano, con una trayectoria envidiable y con muy buenos trabajos fotográficos detrás, en los que ha demostrado dominar el oficio de la luz.

Para afrontar la tonalidad fotográfica de la película, Flavio ha elegido una paleta de colores fríos que no solo recrean una atmósfera, con ellos hace un retrato del estado anímico del personaje principal y de su relación con el medio y con su familia, la fotografía no solo retrata un ambiente, en todo momento nos informa de la protagonista, de su estado anímico y de la lucha interior que sostiene contra su pasado. La paleta cambia en la casa de la tía Engrasi, donde Amaia Salazar tiene su hogar y su refugio. En ese aspecto, la labor fotográfica de Flavio Martínez no solo retrata los sentimientos, las sensaciones que a Amaia le produce la presencia del hogar, también retrata la personalidad acogedora de la tía. Hay otros dos momentos en los que se recoge un cambio cromático importante para la historia y para el retrato del personaje principal interpretado por Marta Etura. Uno son los flash-back, en donde la paleta adquiere cierto tono retro y un tono más frío e inquietante, en dos momentos clave en donde Amaia niña sufre dos golpes del destino (no quiero destripar nada del argumento). El otro cambio cromático, de tonos más cálidos, se produce cuando el director de la película, o el guionista, toma la decisión de fotografiar al agente del FBI mientras conversa con Amaia vía telefónica. Aquí la paleta se torna cálida, doy por supuesto que no solo para recrear fotográficamente el ambiente de Nueva Orleans, también para dar expresión a la sensación que Amaia siente al hablar con su mentor-gurú, una especie de guía espiritual, de chamán, que la conduce a tomar una perspectiva más amplia sobre el caso que está investigando.

Desgraciadamente no he podido acceder a ninguna opinión personal de Flavio Martínez sobre su trabajo en el film. Todo lo que he mirado refleja las opiniones del director de este, Fernando González Molina, y de otros miembros del equipo. Fernando González habla de la inspiración en El silencio de los corderos, de Jonathan Demme, y varios críticos hablan de la saga sueca protagonizada por Lisbeth Salander, personaje creado por Stieg Larsson (Salander-Salazar, no se si es casual), o de las aventuras de Kurt Wallander, el detective protagonista de las novelas de Heinning Mankell, y que también tiene su versión en la pantalla. A mí, la fotografía, salvando las distancias, me ha recordado sobremanera a la que Peter Wunstorf realiza para la serie The Killing, serie basada en la danesa Forbrydelsen, que no he podido ver. Supongo que el recuerdo viene por esa lluvia persistente y con ese personaje que también lleva una carga del pasado, y que físicamente es muy parecido a Marta Etura. Quiero decir que en ningún momento utilizo esto como reproche hacia el film. Soy de los que creen que en arte y literatura todo son vasos comunicantes que nos enriquecen y enriquecen el producto final.

Para terminar haré referencia a algo obvio. Sí, el guardián invisible es la versión cinematográfica de la novela de Dolores Redondo, la primera de una trilogía, de la que recomiendo su lectura, sobre una investigación que la inspectora Amaia Salazar, lleva a cabo en el valle del Baztán, valle que tan bien fotografía la cámara de Flavio Martínez. Es una lectura interesante y diría que obligada para los amantes del género policiaco. A mi modo de ver, el único achaque que lo puedo hacer a las novelas es que hay un personaje que miente y que no debería de mentir en absoluto, debería decir siempre la verdad, pues creo, que junto al de Amaia, es uno de los grandes hallazgos como némesis del héroe, heroína en este caso. Pero solo es mi visión del personaje, este, como no puede ser de otra forma, pertenece a su autora, la novelista Dolores Redondo. Solo espero que las andanzas de la inspectora (y de su némesis) no terminen en esta trilogía y se hagan extensiva a varios relatos más, siempre que no se acabe trivializando, uno de los grandes peligros que se corre con este tipo de personajes. Si la adaptación a la pantalla resulta fallida, que puede suceder, y no por la estupenda fotografía de Flavio Martínez, ya vendrán otras que le harán justicia. Si ahondamos en las adaptaciones a la pantalla de otros personajes, como Sherlock Holmes o Kurt Wallander, al que Amaia se parece un poco más, encontramos de todo como en botica. Versiones muy lamentables y versiones sublimes. El guardián invisible no es sublime, pero tampoco es lamentable, aunque sí fallida.

Josep García, Fotógrafo.