Pues eso. ¿Quien hace las fotos, el fotógrafo o la cámara? Estoy seguro, que al igual que me ha pasado a mí, a vosotros, como fotógrafos, se os ha acercado el típico individuo que con esa sorna tan molesta, que pretende ser graciosa, os ha soltado la típica frase de: “Con esa cámara ya se pueden hacer buenas fotos.” Los que os dedicáis a la fotografía como afición tenéis la libertad de mandarlo a que se compre un bosque y se pierda. No os cortéis, esta tipología de individuo tan grosera merece probar su propia medicina. Aquellos que nos dedicamos profesionalmente, cuando no se nos ocurre nada divertido o no tenemos ánimo para hacer pedagogía de la fotografía, como se decía en aquella famosa película del agente 007, James Bond, no nos queda más remedio que poner cara de póquer, sonreír y encajar.

Sí, como fotógrafo de bodas y eventos, doy fe de que sería millonario cada vez que se me ha acercado el graciosillo de turno con la frase de marras o similar. Como soy de natural paciente, las más de las veces, elijo hacer pedagogía de la fotografía, llegando al extremo de aconsejarle para que mejore las cutre fotos que realiza con su megamóvil de última generación. No, nunca cojo su móvil ni dejo mi cámara para que pruebe. La cámara es sagrada. En una ocasión di la sesión por concluida debido a que la persona que me contrató cogió mi cámara para ver una foto sin ningún tipo de educación ni cuidado. Borré las fotos que ya había tomado delante suyo y le dije que se buscase otro fotógrafo.

Es cierto que la cámara, los objetivos y todos los gadgets que actualmente se incorporan mejoran la experiencia fotográfica a nivel técnico. Técnicamente no cabe ninguna duda de que las fotos tomadas actualmente son mejores que las fotografías de hace doscientos años; desde luego que no hay que remontarse a la prehistoria de la fotografía. Las fotos actuales, a nivel técnico, son mejores que las tomadas hace veinte años. Estoy hablando de la parte técnica, no de la parte estética o artística.

Pero la cámara es el objeto técnico con el que el fotógrafo realiza su tarea, igual que todos los gadgets o elementos externos a la cámara. Como leí en una ocasión, en un artículo del que no recuerdo el autor, para poder citarlo, nunca hemos de olvidar que por muchos cachivaches y avances tecnológicos que tenga una cámara, el principio es el mismo que hace más de dos mil años, (no me he equivocado al decir más de dos mil años), el de la cámara oscura: una caja con un orificio que da entrada a la luz y en cuyo fondo se proyectan las imágenes del exterior, a todo color, con mayor o menor nitidez, según la apertura y de si aplicamos a esta una lente que dirija los rayos de luz. Este fenómeno era conocido de antiguo y fue utilizado por multitud de pintores a partir del Renacimiento para crear sus obras. Yo, la última vez que experimenté el fenómeno de la caja o cámara oscura fue en una sala de cine, en la cadena Cinesa. Por alguna razón, la luz incidió desde el exterior sobre la pantalla y se veía todo lo que sucedía afuera. Pero de esto hablaremos otro día.

Lo esencial es que recordemos, que por complicada que sea la cámara, tenemos entre nuestras manos un elemento técnico que funciona según el mismo principio que compartía la cámara fotográfica más primitiva que se inventó. Además del principio físico que comparten la cámara fotográfica más primitiva y la cámara de fotografía más sofisticada hay otro elemento que comparten y es que ambas son manejadas por el fotógrafo, el elemento humano, la persona que toma las decisiones con la clara intención de crear una imagen, de congelar un momento en el tiempo para darle un uso. El elemento humano que toma las decisiones, el fotógrafo, es la pieza clave, el ente más importante en todo el proceso, pues de nuestra intencionalidad, de nuestro raciocinio, de nuestra toma de decisiones va a depender de que tengamos una fotografía más, del montón, o una imagen diferente, una imagen que vaya más allá del mero documento arqueológico, nostálgico, histórico. Una imagen que despierte en nosotros algo diferente a la mera curiosidad, una imagen que nos inquiete, que nos provoque, que nos haga decir a los amantes de la fotografía, yo quiero realizar una fotografía como esa. Y para eso, un simple móvil basta si el que lo sostiene es un auténtico fotógrafo, y no me refiero a que sea profesional o aficionado; todos los elementos técnicos de que se pueda valer un fotógrafo ayudarán a mejorar técnicamente la idea y la intención que hay detrás.

Insisto, sin idea y sin intención lo único que queda es un tipo que aprieta un botón para obtener una sucesión de imágenes. Cosa muy digna y que no critico. Es más, seguro que en esa sucesión de imágenes puede sonar la flauta por casualidad. Pero una flor no hace verano. Si la flauta suena más de lo debido, tened por seguro que nos hallamos, sin que el individuo lo sepa, ante un fotógrafo.

Doy por supuesto que ha quedado clara mi opinión sobre el tema. La cámara ayuda, pero es eso, solo una ayuda, igual que lo son todos los elementos técnicos externos mejorados a través de los tiempos. Pero lo que hace buena una fotografía y marca la diferencia es el fotógrafo, el hombre que hay detrás de la cámara.

Llegados a este punto solo me queda dar un consejo a aquellos fotógrafos que consideran que harían mejores fotografías con mejores cámaras. Vuestras fotografías pueden mejorar en aspectos que nada tienen que ver con la creatividad y con vuestra habilidad como fotógrafos. Es más, no es la primera vez que fotógrafos de primera línea deciden utilizar cámaras y objetivos más rudimentarios para dar su visión del mundo. Deciden renunciar a las mejoras visuales para ahondar en lo que auténticamente importa, la experiencia estética (incluyo en esta experiencia, aunque es incorrecto hacerlo siempre, la proyección de su mundo). Fotógrafos: Para ahondar en vuestro mundo y proyectarlo artísticamente trabajad con aquello que tenéis en cada momento.

Josep García, Fotógrafo